La última encuesta Cadem Plaza Pública dibuja un escenario complejo para el gobierno del presidente José Antonio Kast: ninguna de las áreas evaluadas de la gestión del Ejecutivo supera el 50% de aprobación. El estudio sitúa la aprobación presidencial en 40% y la desaprobación en 55%. Aunque las variaciones respecto de semanas previas son menores, especialistas advierten que el estancamiento en torno a esos niveles tensiona la capacidad del Gobierno para ampliar apoyos. En paralelo, las comunicaciones del Ejecutivo aparecen como el ámbito peor evaluado, mientras la seguridad pública sigue consolidándose como uno de los principales focos de desaprobación ciudadana.
Estancamiento de la aprobación complica al Ejecutivo
De acuerdo con la medición, la aprobación del Mandatario permanece en 40%, con una desaprobación de 55%. Si bien no se observan movimientos significativos frente a registros recientes, el diagnóstico que realizan especialistas es poco alentador: la estabilización de la evaluación en este umbral dificulta la construcción de mayorías políticas y sociales.
El académico y especialista en opinión pública Rodrigo Durán Guzmán sintetiza esa inquietud: “Una aprobación estancada en torno al 40% no es un logro de gobernabilidad, es una señal de techo”. A su juicio, la estabilidad en cifras que no logran despegar se traduce en un freno para la instalación de prioridades y el despliegue de reformas, porque reduce el margen de maniobra y erosiona la expectativa de avances sostenidos.
Comunicaciones y seguridad, los puntos más débiles
La encuesta revela que ninguna área de la gestión del Ejecutivo supera el 50% de respaldo. En el lado de las evaluaciones relativamente mejor posicionadas aparecen relaciones internacionales (40%), vivienda (37%) y defensa nacional (37%). No obstante, incluso estos ámbitos registran caídas respecto de mediciones anteriores, lo que subraya la fragilidad del apoyo transversal a la labor gubernamental.
En el extremo contrario, las comunicaciones del Gobierno concentran la peor percepción ciudadana, con una desaprobación de 68%. A continuación se ubica la lucha contra la delincuencia, con un 61% de rechazo. Estos resultados refuerzan que, junto con la seguridad, la forma en que el Ejecutivo explica, alinea y difunde su gestión constituye un flanco sensible y persistente.
Déficit comunicacional: el talón de Aquiles
Para Durán Guzmán, el principal problema que enfrenta el Ejecutivo es su estrategia comunicacional. “Un gobierno que no logra explicar lo que hace, tampoco logra que la ciudadanía valore lo que hace”, afirma. El académico agrega que la ausencia de un relato coherente termina afectando de manera directa la percepción ciudadana sobre las políticas públicas, porque diluye los objetivos, confunde prioridades y dificulta convertir logros puntuales en capital político sostenido.
En ese marco, la reprobación mayoritaria del área de comunicaciones no solo refleja eventuales desajustes tácticos —mensajes dispersos, falta de vocerías consistentes o secuencias narrativas poco claras—, sino también la necesidad de articular una hoja de ruta que conecte con expectativas y temores concretos. La comunicación, sugieren los resultados, no es un adorno de la gestión: es una pieza estructural de su eficacia.
Seguridad ciudadana: la brecha entre gestión y percepción
El sondeo confirma dificultades persistentes en seguridad pública, uno de los ejes programáticos destacados del gobierno de Kast. Pese a iniciativas impulsadas en la materia, la ciudadanía mantiene una evaluación predominantemente negativa de los resultados. Para Durán, la clave está en cómo se forma la opinión: “En seguridad, la percepción ciudadana no se mueve por decretos ni por estadísticas oficiales. Se mueve por la experiencia cotidiana”.
En otras palabras, el pulso social frente al delito y el orden no se corrige solo con anuncios o balances periódicos; exige efectos visibles en la vida diaria. La distancia entre medidas implementadas y sensación de control del entorno inmediato opera como un contrapeso que limita el reconocimiento público, aun cuando existan avances administrativos o normativos.
Plan de Reconstrucción Nacional divide opiniones
La encuesta también analizó el Plan de Reconstrucción Nacional, que hoy concita más rechazo que respaldo: 50% de los consultados se manifiesta en contra del proyecto y 44% lo apoya. En cuanto a su tramitación legislativa, un 45% considera que el Congreso debería aprobarlo, mientras que un 41% estima que debería rechazarse. Se trata de márgenes estrechos que reflejan polarización y una opinión pública todavía en disputa respecto del alcance y la pertinencia de la iniciativa.
El vínculo entre esta valoración y la imagen general del Gobierno es directo, según el académico consultado: “Cuando la aprobación presidencial no supera el 40%, ese déficit de confianza se traslada automáticamente a cualquier iniciativa emblemática”. De este modo, el desempeño del Ejecutivo en su conjunto actúa como un prisma que tiñe la recepción de proyectos específicos, especialmente aquellos que requieren un consenso social más amplio.
Reconstruir confianza: el desafío inmediato
Mirando hacia adelante, la advertencia del especialista es clara: el Ejecutivo debe recuperar confianza ciudadana y fortalecer su conexión con las preocupaciones reales de la población. No se trata solo de corregir piezas técnicas o ajustar calendarios; implica revisar el lenguaje, los énfasis y las prioridades que la gente percibe en su día a día. “La política moderna exige liderazgo emocional, capacidad de escucha y una narrativa consistente”, concluye Durán.
En ese sentido, la combinación de una aprobación presidencial estancada, áreas estratégicas con apoyos insuficientes y un plan emblemático que divide a la opinión pública configura un cuadro que empuja al Gobierno a redefinir su arquitectura de comunicación, reforzar la ejecución en seguridad y alinear expectativas con resultados tangibles.
Reflexión informativa final: El panorama que traza Cadem es el de una gestión que, pese a no exhibir deterioros bruscos, enfrenta una licencia social frágil, con comunicaciones y seguridad como puntos ciegos decisivos. La disputa por el sentido —qué se promete, cómo se explica, qué se logra y cómo se demuestra— parece hoy tan determinante como la propia batería de políticas públicas. Sin un giro que ordene relato, prioridades y evidencias a la vista de la ciudadanía, el “techo” de la aprobación corre el riesgo de consolidarse como un límite difícil de mover.
Revisa el informe completo de Cadem AQUÍ
Citas textuales del especialista
- “Una aprobación estancada en torno al 40% no es un logro de gobernabilidad, es una señal de techo”.
- “Un gobierno que no logra explicar lo que hace, tampoco logra que la ciudadanía valore lo que hace”.
- “En seguridad, la percepción ciudadana no se mueve por decretos ni por estadísticas oficiales. Se mueve por la experiencia cotidiana”.
- “Cuando la aprobación presidencial no supera el 40%, ese déficit de confianza se traslada automáticamente a cualquier iniciativa emblemática”.
- “La política moderna exige liderazgo emocional, capacidad de escucha y una narrativa consistente”.