Trump y Kast


La complejidad de negociar con Donald Trump

Negociar con Donald Trump exige entender que no existen afinidades políticas permanentes, sino intereses cambiantes. El actual presidente de Estados Unidos, en lugar de adoptar una postura ideológica, opera bajo un enfoque transaccional. Esta premisa, fundamental para abordar cualquier relación con Estados Unidos, se expone claramente en su obra The Art of the Deal, donde sostiene que todo vínculo debe evaluarse en función de los beneficios inmediatos. Para el nuevo gobierno de José Antonio Kast, captar esta lógica resulta esencial para evitar errores de cálculo en la relación bilateral.

Renegociación del TLC: Primer paso crucial

La primera tarea que enfrenta el nuevo gobierno es la exitosa renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Esta misión, sin embargo, prometen ser complicada. La administración Trump ha incumplido elementos clave del tratado, que garantizaba acceso preferencial con arancel cero. Este incumplimiento ha generado tensiones que afectan los principios de certidumbre jurídica y previsibilidad comercial que han sustentado la inserción internacional de Chile. Por lo tanto, es necesario que el país continúe sus negociaciones con claridad tanto técnica como política.

“Pensar que un eventual alineamiento ideológico con Trump garantiza mayor estabilidad o seguridad en la relación bilateral es un error de diagnóstico”.

Este aviso debe ser tomado muy en serio por la administración de Kast. La política comercial estadounidense es volátil, y el uso de aranceles se ha convertido en una herramienta de coerción, más que en una medida de regulación Económica estándar. La influencia del lobby corporativo, que se evidencia en las industrias que logran quedar exentas de aranceles, se hace notar y debe ser una variable a considerar en los diálogos estratégicos.

Activos y desafíos en la nueva relación

Chile cuenta con dos activos importantes en esta situación: primero, su abundancia de recursos estratégicos, como el cobre y el litio, que son fundamentales en la transición hacia energías más limpias. En segundo lugar, la posibilidad de formar coaliciones con el sector empresarial, algo en lo que ya han estado trabajando organismos como la Sofofa (Sociedad de Fomento Fabril) y Amcham (Cámara Chileno-Americana de Comercio). Estas conexiones pueden ayudar a generar un marco propicio para presentar las necesidades de Chile ante el gobierno de EE. UU.

No descuidar la relación con China

Un riesgo considerable que enfrenta el nuevo presidente es cometer el clásico error de “vestir un santo para desvestir a otro”. Aunque las nuevas autoridades de Cancillería cuentan con una amplia experiencia y redes con Estados Unidos, esto no debe llevar al país a descuidar su relación con China, que es su principal socio comercial. Ante el creciente ascenso de Beijing y la reactivación de la Doctrina Monroe por parte de Washington, la presión sobre la región aumentará sin distinción de afinidades políticas.

El reciente cierre del proyecto astronómico chino en Antofagasta es un recordatorio de que Chile aún no ha incorporado completamente la variable geopolítica en sectores sensibles, como la minería. Este tipo de eventos subraya la necesidad de una política exterior equilibrada y pragmática que respete tanto las relaciones tradicionales con EE. UU. como la creciente importancia de China como socio comercial.

Una política exterior de Estado

La frase “esta es una relación de Estado”, pronunciada por Kast en su encuentro con el presidente Lula de Brasil, resume la esencia de la política exterior que debe adoptar su gobierno. Esta postura no debe construirse a partir de intereses personales o alineamientos ideológicos, sino que debe ser diseñada con sobriedad y realismo. Es crucial que el nuevo gobierno tenga claro el papel de Chile en el contexto regional y global.

Intereses nacionales sobre ideologías

Chile, a lo largo de su historia diplomática, no ha construido su imagen nacional fundamentada en gustos ideológicos, sino en el interés nacional. Esta diferencia marca la línea divisoria entre el voluntarismo y la convicción fundamentada. La política exterior del país debería reflejar esto, distanciándose de la retórica superficial y enfocándose en acciones concretas que beneficien sus intereses estratégicos.

La capacidad de Chile para navegar sus relaciones internacionales dependerá, en gran medida, de su habilidad para manejar la complejidad de sus interacciones con potencias como Estados Unidos y China, reconociendo la naturaleza transaccional de sus líderes y la importancia de suscitar el interés genuino de ambos países.


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