A partir de 2026, los directorios de las sociedades anónimas en Chile enfrentarán un escenario transformador imposibilitado de mantener la inequidad de género en su composición. Con la entrada en vigor de la Ley “Más mujeres en directorios”, se establece que ningún sexo podrá ocupar más del 80% de los asientos en dichas instancias. Este porcentaje se reajustará progresivamente hasta llegar al 60% hacia 2032, lo que, sin duda, representa un avance significativo en la lucha por la igualdad de género. Sin embargo, esta normativa no sólo plantea un cambio cuantitativo, sino que también genera importantes interrogantes sobre la preparación y las condiciones en las que se encuentran las mujeres para asumir tales roles de liderazgo.
Desafíos más allá de la cuota
La implementación de esta legislación presenta una pregunta crucial: ¿Existen suficientes mujeres preparadas para ocupar estos espacios directivos? La preocupación no radica únicamente en la posibilidad de completar los porcentajes exigidos, sino en si realmente se ha creado un entorno donde las mujeres puedan llegar a la alta dirección con la preparación y el poder reales necesarios para ejercer su influencia efectivamente.
“El problema no es solo la cuota. El verdadero desafío comienza cuando uno se pregunta: ¿hay suficientes mujeres listas para ocupar estos espacios?”
Según un estudio realizado por Chile Mujeres y la Comisión de Mercados Financieros (CMF), se estima que Chile debe incorporar al menos 511 nuevas mujeres en cargos de directorio para evitar que se active el régimen obligatorio de cuotas en 2031. Este diagnóstico revela que el desafío no es solo agregar nombres a una lista, sino también formar liderazgos que se ejercen de manera efectiva, lo cual exige un compromiso sostenido en el tiempo.
La brecha educacional en la dirección
Desde la academia, la formación de mujeres en el ámbito directivo muestra una clara tendencia que exige atención. Actualmente, más del 50% de los estudiantes de magíster en Chile son mujeres. No obstante, esta cifra desciende drásticamente en programas de doctorado, MBA y en áreas estratégicas como infraestructura, energía y finanzas. La formación en estos campos está lejos de ser equitativa, lo cual afecta directamente la capacidad de las mujeres para acceder a posiciones de liderazgo.
Esto no es una mera coincidencia, sino que refleja una estructura social que todavía sigue arraigada en diversas dimensiones. La formación directiva tiene un componente técnico, pero también está impregnada de una dinámica política que exige saber manejar entornos complejos, negociar intereses y tomar decisiones difíciles en contextos que en ocasiones no están diseñados para recibir voces femeninas con derecho a ser escuchadas.
El liderazgo femenino y sus retos
La singularidad de la formación de liderazgo femenino radica en que no se trata de emular modelos masculinos. El liderazgo no debe ser visto como un concepto que debe suavizarse, sino como una práctica que se ejerce con convicción, en la que mujeres no deben renunciar a su identidad ni sentir temor por ser ambiciosas. Es crucial que se preparen con principios sólidos y estrategias claras que les permitan negociar su lugar en la mesa directiva y tener la capacidad de influir de manera efectiva.
A menudo, las mujeres que alcanzan posiciones de liderazgo son vistas como excepciones en lugar de ejemplos a seguir, lo que las obliga a justificar su presencia y su voz en el espacio que ocupan. Esta perspectiva únicamente perpetúa la brecha existente y dificulta que nuevas generaciones encuentren un camino abierto hacia el liderazgo.
Cambios estructurales en las empresas
Con la inminente aplicación de la ley, muchas empresas están empezando a revisar sus estatutos para cumplir con la normativa. Sin embargo, el cambio real no se logra simplemente a través de reglamentos. Los cambios estructurales más profundos ocurren en aulas, laboratorios y espacios de aprendizaje colaborativo donde se construyen confianza y liderazgo. La transformación debe comenzar desde la base, formando líderes que sean competentes y tenga la capacidad de asumir riesgos en un entorno que históricamente ha privilegiado a los hombres en altos cargos.
El futuro de los directorios en Chile
El rostro de los directorios en Chile está destinado a cambiar, lo cual es motivo de celebración. Sin embargo, ocupar un espacio no es lo único que cuenta; lo realmente transformador será cuando las mujeres en estos directorios tengan la capacidad de influir, decidir y reconfigurar las dinámicas de poder sin pedir permisos. Se trata de un camino que requiere tiempo, esfuerzo y la voluntad de todas las partes involucradas, tanto en el ámbito empresarial como educativo.
La Ley “Más mujeres en directorios” marca un hito en la búsqueda de paridad de género en Chile, no sólo como un avance en las políticas públicas, sino como una invitación a reflexionar sobre la calidad de los líderes en nuestras instituciones. Es fundamental que se trabaje no solo en la inclusión de mujeres, sino en la creación de espacios donde puedan ejercer su liderazgo con eficacia y confianza. Solo así se logrará un cambio real y significativo en el panorama empresarial del país.