El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) anunció este miércoles cifras alarmantes sobre la demografía en Chile en su reciente actualización de las Estimaciones y Proyecciones de Población (EEPP 2024). Estas proyecciones indican que, hasta junio de 2024, la población del país alcanzaría los 20.150.948 habitantes, con un aumento previsto del 2,4% para llegar a 20.643.490 en 2035. Sin embargo, lo que más preocupa es la advertencia de que, a partir de 2036, la población comenzaría a decrecer, alcanzando aproximadamente 16.972.558 habitantes hacia mediados de 2070.
Un futuro demográfico incierto
Este cambio demográfico se atribuye a varios factores, entre los cuales destacan la caída de la fecundidad y el aumento en la esperanza de vida. Desde el 2028, se proyecta que el crecimiento natural de la población —es decir, la diferencia entre nacimientos y defunciones— se torne negativo. Además, se anticipa una reducción del saldo migratorio, que se estima disminuya desde 140 mil personas entre 2020-2021 a cifras cada vez más bajas, con estabilización hacia 2040.
Las proyecciones contrastan con las estimaciones anteriores del INE realizadas en 2017, donde se preveía que la población chilena aumentaría de 18,8 millones en 2018 a 21,6 millones en 2050. Este ajuste en las cifras demográficas añade un nuevo elemento al panorama macroeconómico del país, que podría complicar el desarrollo de políticas laborales, de empleo y de sostenibilidad financiera en el futuro.
Chile, un país envejeciéndose rápidamente
Las nuevas estimaciones también proyectan un notable envejecimiento de la población chilena. Para el año 2045, se estima que la cantidad de personas de 65 años y más triplicará a los menores de 15 años. Para 2070, los mayores de 65 años podrían representar el 42,6% de la población total, mientras que los menores de 15 años disminuirán significativamente, pasando de un 29,3% en 1992 a solo un 7,2% en 2070.
A partir de 2028, se estima que habrá más personas mayores de 64 años que menores de 15. Además, la población en edad potencialmente activa (entre 15 y 64 años) también experimentaría un descenso a partir de 2035, lo que generará un escenario desafiante en términos de fuerza laboral. Este cambio podría repercutir negativamente en la economía, ya que habrá menos personas en edad de trabajar en comparación con años anteriores.
Esperanza de vida y su impacto económico
En medio de estas proyecciones, la esperanza de vida en Chile continuará su ascenso, alcanzando 88,4 años para 2070, un incremento significativo desde los 74,6 años en 1992. Esta tendencia se espera que continúe, con un pronóstico de 81,8 años para 2026 y diferencias notables entre hombres (79,5 años) y mujeres (84,3 años). La permanencia de esta tendencia es una variable clave a considerar para el sistema de salud y los planes de pensiones del país.
Urgente adaptación de políticas fiscales
Los nuevos datos demográficos plantean una serie de desafíos que demandan una pronta adaptación de las políticas estatales. David Bravo, director del Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales, enfatizó la necesidad de revisar y actualizar las proyecciones relacionadas con políticas fiscales, como la Pensión Garantizada Universal (PGU) y la reforma de pensiones. «Estos datos no son coyunturales, son de largo aliento, pero creo que van a significar una orientación importante», advirtió Bravo, sugiriendo que las autoridades deben tener claridad sobre el costo fiscal asociado a estas políticas, considerando el nuevo perfil demográfico de la población.
Baja fecundidad: un reto a largo plazo
En cuanto a la fecundidad, el INE proyecta que en las próximas cinco décadas se mantendrá por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 hijos por mujer. La Tasa Global de Fecundidad (TGF) disminuiría de 1,06 en 2024 a 0,92 en 2026, antes de experimentar una leve recuperación hacia 2070, donde se acercaría a 1,2 hijos por mujer. Este panorama, tal y como expuso la profesora Martina Yopo del Instituto de Sociología UC, debe ser considerado una nueva realidad que llegó para quedarse.
Yopo destacó la importancia de adaptar los sistemas sociales a este nuevo contexto demográfico, lo que implica revisar las dinámicas entre oferta y demanda en el sistema educativo, mejorar la inversión en prevención de salud, así como fortalecer el ahorro previsional y la inversión pública en capital humano. A su vez, resaltó la urgencia de implementar políticas que respalden a las familias que desean tener hijos, como la creación de salas cuna universales y la promoción de la conciliación de la vida laboral y familiar.
Adicionalmente, coincidió en la necesidad de aumentar el acceso y la cobertura en los tratamientos de reproducción asistida, en un contexto donde la maternidad se está postergando y donde la infertilidad asociada a la edad se convierte en un problema crecientemente relevante.
Los datos demográficos presentados por el INE suscitan interrogantes fundamentales sobre cómo se adaptará Chile a este complicado escenario demográfico. La capacidad del país para implementar políticas adecuadas y tomar decisiones proactivas en respuesta a estos cambios determinará, en gran medida, el bienestar de las generaciones futuras.