Una investigación internacional realizada con más de 17.000 hombres encontró una asociación entre el consumo elevado de alimentos ultraprocesados y un aumento de hasta el 31% en el riesgo de desarrollar cáncer de próstata. La relación se mantuvo después de considerar factores como la edad y el tabaquismo.
Cómo se evaluó la alimentación
Los productos ultraprocesados forman parte habitual de muchas dietas. Entre ellos se encuentran los cereales para el desayuno, las bebidas azucaradas, los snacks, las carnes procesadas y las comidas congeladas, cuya presencia cotidiana puede pasar inadvertida.
Para estimar la ingesta de estos alimentos, los investigadores analizaron dos registros alimentarios de 24 horas por participante. Luego, distribuyeron a los hombres en cuatro grupos según el porcentaje de calorías diarias procedentes de productos ultraprocesados.
En comparación con el grupo de menor consumo, los hombres ubicados en los tres grupos superiores —en los que estos productos representaban más del 44% de las calorías diarias— presentaron un 29% más de riesgo de cáncer de próstata. Al comparar únicamente los dos grupos de consumo más alto, la diferencia llegó al 30%.
Una asociación que aún no prueba causalidad
Los resultados no permiten afirmar que los ultraprocesados sean una causa directa del cáncer de próstata. Aunque su practicidad favorece un consumo frecuente, estos productos pueden desplazar de la dieta a opciones más nutritivas. La investigación científica continúa examinando cómo una alimentación con alta presencia de ultraprocesados puede influir en el metabolismo, la inflamación y la salud intestinal.
El estudio fue dirigido por Charles Hennekens. Además, observó que los hombres pertenecientes exclusivamente al grupo de mayor consumo podrían tener un 34% más de riesgo, aunque ese resultado no alcanzó significación estadística. Hennekens destacó la necesidad de realizar estudios más amplios para confirmar la posible relación.
De este modo, el trabajo pone el foco en la acumulación de decisiones alimentarias cotidianas. El consumo repetido de productos como un cereal de desayuno o una comida rápida puede llegar a ocupar una parte relevante de la dieta, motivo por el que los investigadores llaman a revisar los hábitos de consumo.