En un nuevo gesto de respaldo a la agenda económica del Ejecutivo, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, defendió la Ley de Reconstrucción Nacional y afirmó que el Gobierno seguirá adelante con sus objetivos aun si el proyecto no prospera en el Congreso. Sus declaraciones se produjeron durante el seminario “Hoja de Ruta 2026-2030. Impacto del Proyecto de Ley de Reconstrucción Nacional”, organizado por Clapes UC, instancia en la que abordó el panorama económico y político que rodea la iniciativa. El debate ocurre mientras avanzan conversaciones con distintas fuerzas políticas, en especial con el Partido de la Gente (PDG), y sumó la intervención del exministro de Hacienda Felipe Larraín, quien valoró aspectos del proyecto pero pidió ajustes atendiendo recomendaciones del Consejo Fiscal Autónomo (CFA).
“Vamos a seguir gobernando igual”
El titular de Hacienda subrayó que la estrategia económica del Gobierno no depende de un único proyecto de ley. En su exposición, recalcó que el Ejecutivo cuenta con distintos mecanismos para sostener su hoja de ruta: “Me preguntaron qué pasa si la ley no se pasa. Bueno, vamos a seguir gobernando igual, porque también existe la gestión y también están los decretos”, afirmó.
Quiroz rechazó la idea de que un eventual revés legislativo suponga un punto final para los objetivos económicos del programa. “Es un error siempre decir que todo depende de esto y, si al final eso no funciona, entonces se acabó el discurso, se acabó todo”, señaló. Con ello, el ministro buscó instalar una lectura más amplia del proceso, enfatizando que la conducción económica se sostiene en un conjunto de instrumentos y decisiones que no se agotan en una única reforma.
Complejo escenario económico
El ministro describió el contexto en que se enmarca la discusión: un entorno de bajo crecimiento, desempleo, déficit fiscal y un nivel de gasto público que presiona la planificación presupuestaria. Entre los antecedentes, aludió al bajo desempeño del Imacec de marzo, señalándolo como una señal de los desafíos que enfrenta la actividad. La mención apuntó a subrayar la urgencia de medidas orientadas a dinamizar la economía, con foco en certidumbre y aceleración de procesos.
En este punto, Quiroz llamó a “desmitificar” parte de las críticas dirigidas a la iniciativa, planteando que el debate público debe situarse sobre consideraciones técnicas y efectos esperados, y no solo en lecturas maximalistas acerca del alcance de la ley. De acuerdo con su planteamiento, la agenda del Ejecutivo contempla diversas herramientas para encaminar objetivos de reactivación y orden fiscal, con el proyecto de reconstrucción como un componente relevante, pero no exclusivo.
Negociaciones en el Congreso
Las palabras del ministro se conocen en medio de tratativas para destrabar la tramitación de la reforma en el Parlamento. En particular, el Gobierno busca acercar posiciones con el Partido de la Gente (PDG), cuya postura podría ser determinante para el avance de la iniciativa.
El líder de esa colectividad, Franco Parisi, aseguró recientemente haber alcanzado acuerdos con el ministro de Hacienda, aunque precisó que la decisión final recaerá en los diputados del partido. El matiz es relevante: si bien existe un canal de diálogo abierto y una base de entendimiento en construcción, el desenlace legislativo depende de la definición de las bancadas. En ese tablero, las señales de flexibilidad y apertura adquieren peso, tanto para ajustar detalles del texto como para asegurar mayorías.
Felipe Larraín pide ajustes
En el mismo seminario, el exministro Felipe Larraín valoró elementos del proyecto y defendió su informe financiero, destacando que la propuesta podría significar “un poderoso empuje” a la economía. Según expresó, este impulso podría materializarse a través de menores tasas, una mayor certeza jurídica y la agilización de inversiones, dimensiones que suelen incidir en el ánimo empresarial y en la ejecución de proyectos.
No obstante, Larraín sostuvo que el texto “requiere ajustes”, especialmente a la luz de las observaciones del Consejo Fiscal Autónomo (CFA). Fue categórico al recordar la relevancia de ese órgano técnico: “A pocos meses, los que ignoraban las recomendaciones del CFA, hoy piden seguirlas al pie de la letra”. En esta línea, planteó incorporar medidas de gradualidad y una mayor prudencia fiscal para facilitar el avance legislativo, sugiriendo que el equilibrio entre dinamismo y responsabilidad es clave para construir consensos.
La hoja de ruta y el foco del seminario
El encuentro “Hoja de Ruta 2026-2030. Impacto del Proyecto de Ley de Reconstrucción Nacional” —organizado por Clapes UC— operó como un espacio de contraste de miradas sobre el aterrizaje de la política económica. Por un lado, la insistencia del Gobierno en poner la gestión y los decretos como vías complementarias; por otro, la apelación a prudencia y ajustes como condiciones para sumar apoyos.
En ese marco, se reiteró que la discusión no es únicamente procedimental. Detrás del debate se encuentra la búsqueda de un sendero de crecimiento con estabilidad, donde certidumbre regulatoria, tiempos de tramitación y anclajes fiscales sean parte de la ecuación. La dualidad entre urgencia reactivadora y disciplina presupuestaria atravesó las intervenciones, dejando instalada la idea de que el futuro del proyecto exigirá tanto voluntad política como calibración técnica.
Prudencia, gestión y señales al mercado
La defensa de la ley por parte del ministro Quiroz —al recalcar que “vamos a seguir gobernando igual”— opera como un mensaje de continuidad y control de la agenda económica. Al mismo tiempo, las advertencias de Larraín sobre gradualidad y prudencia fiscal buscan acotar riesgos y mejorar la viabilidad del texto en el Congreso. Ambas posturas convergen en un punto: la necesidad de enviar señales claras respecto de reglas, plazos y responsabilidades.
En el plano político, las negociaciones con el PDG y otras fuerzas pueden inclinar la balanza. En el plano técnico, el escrutinio del CFA emerge como referencia para reencauzar aspectos del proyecto. El resultado final dependerá de cuánto logre armonizarse el objetivo de reactivación con compromisos de sostenibilidad fiscal, una tensión habitual en periodos de bajo dinamismo y expectativas frágiles.
Puntos centrales de la intervención de Quiroz
– Defendió la Ley de Reconstrucción Nacional y sostuvo que la agenda económica no depende exclusivamente de su aprobación.
– Afirmó que el Gobierno utilizará la gestión y los decretos como herramientas para avanzar en sus metas.
– Recalcó que es un error condicionar todo el programa a un único proyecto y llamó a desmitificar las críticas.
– Describió un entorno de bajo crecimiento, desempleo, déficit fiscal y alto gasto público, con un Imacec de marzo débil como telón de fondo.
Enfoque de Larraín y ejes del debate técnico
– Respaldó parte del proyecto y su informe financiero, destacando su potencial para dar “un poderoso empuje” mediante tasas más bajas, mayor certeza jurídica y agilización de inversiones.
– Solicitó ajustes tras las observaciones del CFA, y sugirió gradualidad y prudencia fiscal para allanar su tramitación.
– Subrayó la relevancia de atender recomendaciones técnicas como condición para fortalecer apoyos en el Congreso.
La discusión en torno a la Ley de Reconstrucción Nacional transita por un terreno donde conviven urgencia y cautela. El Gobierno busca mantener el timón de la reactivación con una estrategia que no se agote en el Congreso, mientras que desde otras miradas se empuja la necesidad de introducir correcciones y atender alertas de órganos técnicos. En medio de ese intercambio, las definiciones del PDG y el tono de las conversaciones parlamentarias asoman como variables decisivas.
Sin cifras nuevas ni promesas adicionales, el foco parece desplazarse hacia la consistencia del relato y la calidad de los instrumentos: cómo administrar mejor, cómo regular con mayor certeza y cómo asegurar disciplina fiscal en el camino. Allí, la combinación de gestión, decretos y ajustes puntuales podría convertirse en la llave para que la agenda económica avance sin renunciar a sus metas centrales ni desatender las advertencias técnicas que hoy ordenan la discusión.