La mitad de los trabajadores ocupados en Chile percibió $680.000 líquidos o menos durante 2025, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) difundidos por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). El estudio, que considera ingresos netos —descontadas cotizaciones previsionales y de salud—, arroja que el ingreso laboral promedio alcanzó los $962.945 mensuales, mientras que la mediana se situó en $680.000, lo que implica que el 50% de los ocupados recibió ese monto o menos. Las cifras trazan un panorama de las remuneraciones por sexo, tramo de ingresos, categoría ocupacional, nivel educativo, grupo ocupacional y región.
Brecha salarial entre hombres y mujeres
La ESI evidencia una brecha de género del 21,7% en desmedro de las mujeres. Los hombres registraron un ingreso promedio de $1.062.864, frente a los $831.892 de las mujeres. En la mediana, la diferencia persiste: $701.985 para ellos y $650.000 para ellas. Estas diferencias se observan sobre la base de ingresos netos, y muestran que, incluso al mirar el punto medio de la distribución y no solo el promedio, las mujeres mantienen desventaja en términos de remuneraciones percibidas.
Cómo se distribuyen los sueldos por tramos
Por niveles de ingreso, el grupo más numeroso corresponde a quienes ganan entre $500.000 y $600.000 al mes, segmento que representa el 15,6% de los ocupados. A continuación se ubican quienes perciben entre $600.000 y $700.000 (10,3%) y entre $700.000 y $800.000 (7,7%). En la parte alta de la distribución, un 29,4% declaró ingresos iguales o superiores a $1.000.000, mientras que solo un 4,3% reportó montos de $3 millones o más mensuales.
Diferencias por categoría ocupacional
La categoría ocupacional marca contrastes nítidos. Los empleadores encabezan los niveles de remuneración, con un ingreso promedio de $1.711.041 mensuales. Les siguen los asalariados del sector público, con $1.321.228, y los asalariados del sector privado, con $1.019.104. En el extremo inferior se ubican los trabajadores por cuenta propia, cuyo promedio llega a $534.267. Estas diferencias reflejan las particularidades de cada vínculo laboral y su capacidad de traducirse en ingresos netos más altos o más bajos.
La educación como factor de ingreso
El nivel educativo también se asocia a mayores o menores remuneraciones. Entre quienes tienen como máximo educación secundaria —un 39,7% de las personas ocupadas—, el ingreso promedio alcanza $666.194 y la mediana se sitúa en $598.442. En el otro extremo, las personas con estudios de postgrado presentan los montos más altos de la muestra, con un promedio de $2.650.573 y una mediana de $2.120.927. La distancia entre ambos grupos subraya el peso de la formación académica en las oportunidades de ingreso.
Contrastes según grupo ocupacional
Por grupo ocupacional, quienes se desempeñan como directores, gerentes y administradores —un 5,2% de los trabajadores— reportan un promedio de $2.558.421 y una mediana de $1.997.562, los valores más altos entre las ocupaciones consignadas. En contraste, los trabajadores de servicios y comercio, que constituyen el 21,4% del total de ocupados, registran un ingreso promedio de $583.046 y una mediana de $529.223. La comparación pone en relieve el efecto de la jerarquía y la función desempeñada en la remuneración.
Regiones con mayores ingresos
El mapa regional muestra que los ingresos promedio más altos se concentran en Antofagasta ($1.196.754), Región Metropolitana ($1.102.043) y Magallanes ($1.074.556). En términos de ingreso mediano, los primeros lugares también corresponden a Antofagasta ($830.350), la Región Metropolitana ($800.000) y Magallanes ($740.312). Estas cifras reflejan disparidades territoriales en la estructura de ingresos de la población ocupada.
Las cifras divulgadas por el INE dejan ver una estructura de ingresos heterogénea, donde la mediana sustancialmente por debajo del promedio sugiere una distribución con montos elevados concentrados en segmentos específicos. La brecha de género se mantiene tanto al observar los promedios como las medianas, evidencia de diferencias persistentes entre hombres y mujeres. Asimismo, la educación, la categoría ocupacional y el grupo ocupacional aparecen como ejes que ordenan el acceso a mejores remuneraciones, al tiempo que las desigualdades regionales muestran realidades diferenciadas dentro del país. Al ser ingresos netos, los resultados entregan una aproximación directa al monto efectivo que las personas reciben, y permiten dimensionar con mayor precisión la capacidad de compra de los hogares ocupados.
Metodología y alcance de la ESI 2025
La Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) fue aplicada por el INE durante el trimestre octubre-diciembre de 2025, con el objetivo de caracterizar los ingresos laborales de la población ocupada a nivel nacional y regional. La medición se realiza sobre ingresos netos, es decir, una vez descontadas las cotizaciones previsionales y de salud, lo que permite aproximarse al monto efectivamente percibido por las y los trabajadores. Los resultados presentados corresponden al universo de personas ocupadas e informan tanto promedios como medianas, además de desgloses por sexo, tramo de ingresos, categoría y grupo ocupacional, nivel educativo y región.
Glosario: ingreso promedio y mediano
El ingreso promedio se obtiene al sumar los ingresos de todas las personas ocupadas y dividirlos por su número, de modo que montos muy altos pueden elevar este valor. La mediana corresponde al monto que percibe la persona ubicada exactamente en la mitad de la distribución: el 50% gana por debajo y el 50% por encima. En contextos donde existen diferencias significativas entre segmentos, la mediana ofrece una referencia del “centro” de la distribución menos sensible a valores extremos, mientras que el promedio entrega una visión global del total de ingresos sujetos a esas variaciones.