Una tendencia juvenil conocida como “Therian” ha ganado visibilidad en redes sociales, especialmente entre adolescentes que se identifican de forma simbólica con animales como parte de su búsqueda personal de significado. El fenómeno, que se ha viralizado en distintos países de Latinoamérica y también en Chile, ha generado curiosidad, debate y preguntas entre familias y cuidadores. Frente a esta conversación, la académica de Psicología de la Universidad UNIACC, Camila Navarrete, plantea que se trata principalmente de una forma de exploración identitaria propia de la adolescencia y que no debe confundirse, por sí sola, con una condición clínica. Su mirada pone énfasis en comprender la función emocional de estas prácticas y en el papel que cumplen las redes sociales al visibilizarlas y amplificarlas, así como en el acompañamiento que las familias pueden brindar para sostener un diálogo respetuoso, atento y orientado al bienestar cotidiano.
Una tendencia juvenil que gana visibilidad en redes
La expansión de la etiqueta “Therian” en plataformas digitales ha ido de la mano con comunidades en línea que comparten contenidos, estéticas y relatos personales. Para muchos adolescentes, esta identificación simbólica con animales opera como un repertorio expresivo y una vía de pertenencia y diferenciación frente a sus pares. En contextos latinoamericanos y en Chile, la circulación de estos contenidos ha despertado la atención de adultos y cuidadores, que buscan entender si se trata de una moda pasajera, un signo de malestar o una faceta más del universo identitario juvenil. Las preguntas se multiplican y, con ellas, la necesidad de miradas informadas que distingan entre experimentación simbólica y manifestaciones que requieren apoyo profesional, siempre observando el impacto concreto en la vida diaria de cada adolescente.
Qué significa identificarse como “Therian”
Desde una perspectiva psicológica, el fenómeno puede leerse como una narrativa simbólica donde la figura del animal expresa rasgos, emociones o valores con los que el adolescente se siente representado. De acuerdo con Camila Navarrete, “El fenómeno ‘Therian’ puede comprenderse principalmente como una forma de exploración identitaria. En la adolescencia, las personas buscan construir sentido respecto de quiénes son”. En ese proceso, la elección de un referente animal puede cumplir funciones de validación emocional, dar un marco a experiencias internas difíciles de nombrar y, al mismo tiempo, ofrecer una señal de pertenencia dentro de un grupo que comparte códigos y lenguajes. La especialista subraya que esta identificación no corresponde necesariamente a una condición clínica y que su lectura debe centrarse en la función subjetiva que cumple para quien la adopta.
La mirada psicológica: exploración identitaria en la adolescencia
La adolescencia es una etapa marcada por la construcción de sentido, la búsqueda de autonomía y la experimentación de roles. Por ello, prácticas como la identificación simbólica con animales pueden ubicarse dentro de una exploración identitaria amplia, donde se ensayan pertenencias, se exploran límites y se buscan espejos afectivos. En palabras de Navarrete, la clave está en comprender que este tipo de manifestaciones forman parte de un proceso evolutivo en el que se articulan necesidades emocionales con lenguajes culturales disponibles. Mirarlo desde ahí ayuda a evitar interpretaciones patologizantes y a situar la conversación en torno a lo que cada joven intenta expresar, más que en la etiqueta misma. El foco recomendado es escuchar, preguntar y atender cómo incide esta práctica en su bienestar cotidiano.
Redes sociales y comunidades: la amplificación del fenómeno
El papel de las plataformas digitales resulta central para entender la difusión del fenómeno. Según la académica, “Las redes sociales visibilizan fenómenos que antes podían existir de manera más aislada, pero también los amplifican al generar comunidades virtuales”. En estos espacios, la identidad adolescente se construye en entornos híbridos donde lo digital y lo presencial se entrelazan, lo que facilita la búsqueda de pares con intereses compartidos y multiplica las referencias desde las que narrarse a sí mismos. La visibilidad, sin embargo, trae desafíos: la circulación acelerada de contenidos puede normalizar expresiones que no siempre se comprenden en su contexto y, a la vez, intensificar reacciones de incomprensión o burla. De ahí la importancia de un acompañamiento adulto que enmarque estas experiencias, protegiendo la integridad emocional de los adolescentes.
Acompañamiento familiar: diálogo, contención y sentido
Desde la psicología infanto-juvenil, la recomendación principal es mantener el diálogo y evitar respuestas de alarma o descalificación. Navarrete es clara: “En lugar de reaccionar con alarma o burla, es recomendable preguntar qué significa para el adolescente esa identificación”. El objetivo es comprender la función emocional que cumple esta expresión identitaria, si habilita una mayor conexión con sus sentimientos o si ofrece una forma de tramitar experiencias difíciles. Un acompañamiento respetuoso puede fortalecer el vínculo familiar y abrir espacios de confianza para conversar sobre límites, autocuidado y bienestar. Cuando el entorno adulto adopta una postura de escucha y curiosidad, disminuye el riesgo de que el joven se sienta juzgado o aislado, y se facilita la detección oportuna de posibles dificultades emocionales.
Señales de alerta: cuándo buscar apoyo profesional
La diferencia entre una exploración identitaria saludable y una situación que requiere intervención no está en la etiqueta “Therian”, sino en su impacto en la vida cotidiana. La docente lo sintetiza en una pauta clara: “Se recomienda consultar cuando existe aislamiento extremo, angustia intensa o deterioro funcional”. Estos signos, observados de forma sostenida, sugieren que la experiencia identitaria podría estar asociada a un malestar mayor que amerita evaluación especializada. En contraste, cuando la práctica se inscribe en las dinámicas habituales del adolescente, no interfiere con sus responsabilidades y contribuye a su autorregulación emocional, puede entenderse como parte de un proceso de crecimiento y autoconocimiento. El llamado es a poner el acento en el bienestar y en el funcionamiento diario, más que en la denominación del fenómeno.
Claves para conversar con adolescentes sobre su identidad
Preguntar con respeto, explorar el significado que el joven atribuye a esta identificación y sostener una escucha libre de burlas favorecen el entendimiento mutuo. El foco recomendado por la especialista es comprender la función emocional que cumple esta expresión, mantener canales de diálogo abiertos y acompañar sin invalidar, atentos siempre a cómo se siente y cómo se desenvuelve en su vida diaria.
Un fenómeno visible, no necesariamente clínico
La identificación simbólica con animales no implica por sí misma una condición clínica. En contextos donde las redes sociales amplifican y conectan experiencias, la clave es observar el impacto cotidiano: si hay bienestar y continuidad en las actividades, se trata de exploración identitaria; si aparecen aislamiento extremo, angustia intensa o deterioro funcional, se recomienda consultar con profesionales.
En un escenario donde las identidades juveniles se desarrollan en espacios digitales más visibles y amplificados, los adultos enfrentan el desafío de acompañar con criterio y sensibilidad. Entender el fenómeno “Therian” como una narrativa simbólica de autoexploración, orientar la mirada al impacto en la vida diaria y promover un diálogo respetuoso permite encauzar la preocupación hacia acciones concretas de cuidado. Así, familias y cuidadores pueden ofrecer contención efectiva sin sobrerreaccionar a etiquetas que, en muchos casos, son parte del proceso natural de buscar quiénes somos.