Cómo impulsar entornos laborales sanos y seguros: menos estrés, más bienestar emocional

Cómo impulsar entornos laborales sanos y seguros: menos estrés, más bienestar emocional

Insomnio, ansiedad, notificaciones fuera de horario, sedentarismo y estrés laboral se han instalado como desafíos cotidianos para las empresas en materia de salud ocupacional. En este escenario, fortalecer las políticas de seguridad y salud en el trabajo se vuelve decisivo para asegurar ambientes más seguros, productivos y humanos. La salud mental emerge como el eje que ordena el debate y moviliza a las organizaciones a revisar sus prácticas, sus sistemas de apoyo y su cultura interna.

Salud mental en primer plano: lo que revela el Monitor de Servicios de Salud de Ipsos 2024

El estudio “Monitor de Servicios de Salud de Ipsos 2024” consultó a más de 23 mil personas en 31 países y confirma la urgencia del tema en Chile. La salud mental es considerada prioritaria por el 45% de los encuestados y se identifica como la principal afección para un 69% de las personas, lo que posiciona al país como el que más la reconoce como un problema público grave. Además, se observa un alza de tres puntos porcentuales respecto de la medición anterior (66%).

Estas cifras tensionan a los equipos directivos y a las áreas de recursos humanos a pasar de la sensibilización a la acción: medir riesgos, educar, intervenir y sostener procesos de recuperación cuando corresponda. En paralelo, se refuerza la necesidad de incorporar factores intra y extralaborales en cualquier diagnóstico, desde la organización del trabajo hasta los hábitos de descanso y desconexión.

Una estrategia de bienestar con visión integral y alcance familiar

Para Kimberly-Clark, multinacional líder en el sector de cuidado personal, el cuidado de su gente es un objetivo estratégico. Desde hace cinco años, la compañía impulsa una estrategia global de bienestar sustentada en cuatro pilares que se complementan: emocional, físico, social y financiero. El objetivo es sostener resultados que trasciendan las actividades puntuales y permeen la cultura.

“Contamos con programas totalmente integrales, es decir, que cuidan el bienestar del colaborador, pero que también contemplan a la familia. Asimismo, nos preocupamos por incluir el ambiente intra y extralaboral en todos los esfuerzos de salud emocional. Nuestro abordaje incorpora la parte física, emocional, financiera y social, para generar resultados positivos de manera sostenida en el tiempo”, explicó Kathya Campos, gerente de Servicios Médicos Ocupacionales para Kimberly-Clark Latinoamérica.

Tres etapas que estructuran la acción: prevención, intervención y recuperación

Kimberly-Clark ordena su enfoque en tres etapas clave para construir entornos saludables y sostenibles:

Prevención. En la fase de exploración, la empresa realiza evaluaciones de riesgo psicosocial y de clima laboral para detectar factores dentro y fuera del trabajo, priorizar focos y comprender necesidades. Se aplican encuestas voluntarias y anónimas, y se articulan equipos internos —como comunicaciones y recursos humanos— para campañas educativas que sensibilicen a toda la organización.

Intervención. La capacitación y la promoción de hábitos saludables son núcleos de esta etapa. Se impulsa un espacio seguro de conversación sobre salud emocional y prácticas concretas: alimentación sana, ejercicio, higiene del sueño, desconexión de pantallas y respeto de horarios de descanso. El acento está en facilitar rutinas sostenibles y una cultura que legitime el autocuidado.

Recuperación. Ante la identificación de factores de riesgo o eventuales patologías, se construye una red de apoyo y se establece un proceso de tratamiento y rehabilitación. Aquí, resulta crítico que la compañía cuente con programas de asistencia y servicios de salud con personal capacitado. En Kimberly-Clark, el involucramiento del equipo de liderazgo en la formación ha sido decisivo para prevenir y manejar casos de salud emocional, fortaleciendo la contención y la derivación oportuna.

Participación activa: de la campaña “¿Estás bien?” a la formación de equipos

Los avances se evidencian en la alta participación de los colaboradores en las campañas de salud de los últimos años. Bajo la misma estrategia integral, la compañía impulsó la iniciativa “¿Estás bien?”, orientada a conversaciones frecuentes y con propósito que promuevan el bienestar genuino. El enfoque es simple y empático: no hace falta ser experto para brindar apoyo, basta con ser un buen compañero, estar atento y acercarse cuando alguien lo necesita. En 2024 fueron capacitados 600 empleados, reforzando la idea de que el cuidado es una responsabilidad compartida y cotidiana.

Esta pedagogía del cuidado sostiene una cultura donde preguntar, escuchar y acompañar se integran al quehacer diario. Con ello, las empresas pueden detectar señales de alerta temprano, reducir estigmas y facilitar rutas de ayuda más claras y efectivas.

Redes de asistencia y alcance a las familias

Para robustecer la contención, Kimberly-Clark incorporó un Programa de Asistencia al Empleado con servicios gratuitos y confidenciales para colaboradores, parejas o hijos. La oferta incluye apoyo en psicología, bienestar, asesoramiento legal y financiero, entre otros. Este enfoque extiende el impacto más allá del puesto de trabajo: cuando la familia también cuenta con orientación, se refuerzan los factores protectores y se facilita la adherencia a los procesos de cuidado.

La combinación entre herramientas formales, líderes formados, campañas de hábitos y un acceso oportuno a apoyo especializado configura un circuito virtuoso: prevenir, contener, derivar y acompañar, con foco en la dignidad y el bienestar de las personas.

Principales desafíos que tensionan el bienestar en el trabajo

La agenda de salud ocupacional se enfrenta hoy a factores que inciden de manera directa en el desempeño y la calidad de vida: insomnio y ansiedad asociados al ritmo de vida; notificaciones fuera de horario que obstaculizan la desconexión real; sedentarismo que impacta la salud física; y estrés laboral derivado de cargas y exigencias cambiantes. Reconocer este mapa de riesgos permite diseñar políticas más precisas y sostenibles.

El valor de una respuesta sostenida y con sentido

Los programas que integran prevención, intervención y recuperación, alineados a pilares emocionales, físicos, sociales y financieros, se posicionan como el estándar deseable. Allí donde existe formación de líderes, redes de asistencia y campañas permanentes, las organizaciones logran construir espacios más seguros, con mayores recursos para gestionar el malestar y fortalecer el bienestar colectivo.

El foco creciente en salud mental —respaldado por los resultados del “Monitor de Servicios de Salud de Ipsos 2024”— confirma que se trata de un desafío público y organizacional de primer orden. Experiencias como la de Kimberly-Clark muestran que una estrategia integral, sostenida y con alcance familiar no solo atiende urgencias, sino que instala capacidades duraderas para cuidar a las personas y a los equipos, dentro y fuera del trabajo.

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