La oferta de viviendas no garantiza el acceso
El mercado inmobiliario chileno enfrenta una paradoja: existen miles de viviendas nuevas disponibles, pero una parte importante de la población no cuenta con las condiciones necesarias para adquirir una propiedad. José Jesús Velásquez, ingeniero industrial y CEO de MyV Gestión Inteligente, sostiene que las políticas habitacionales deben considerar con mayor atención las distintas realidades económicas y el papel que cumple el arriendo.
Según el especialista, hay personas que desean comprar una vivienda, pero no logran cumplir los requisitos financieros, incluso cuando cuentan con ingresos estables.
Medidas de apoyo con alcance limitado
Velásquez valora las iniciativas destinadas a reactivar el sector, entre ellas los apoyos a las tasas de interés y al financiamiento del pie. Sin embargo, advierte que estas herramientas no bastan para quienes quedan fuera de las condiciones exigidas por un crédito hipotecario.
En su análisis, antes de asumir una deuda se deben evaluar la capacidad de ahorro, los ingresos familiares, la evolución de los precios y la posibilidad de sostener un préstamo durante 20 o 30 años. Estos factores, plantea, son determinantes para establecer si una familia puede realmente acceder a una vivienda.
La propiedad no es la única alternativa
El experto también cuestiona el discurso que presenta la propiedad como el único objetivo habitacional válido. A su juicio, esa mirada no refleja la diversidad de situaciones personales y económicas que existen en Chile.
Jóvenes y familias enfrentan distintas decisiones
Una parte de los jóvenes, explica Velásquez, no quiere asumir una deuda hipotecaria de largo plazo porque prefiere conservar la flexibilidad para cambiar de ciudad o postergar la formación de una familia. Al mismo tiempo, hay personas que sí desean comprar, pero no pueden hacerlo debido a sus restricciones financieras.
“Hay personas que financieramente, entre el colegio de los niños, entre la guardería, entre los transportes, entre la comida, entre la vida per se, no les da para comprar una vivienda, y se tienen que quedar arrendando”, afirma Velásquez.
En ese contexto, el arriendo cumple una función habitacional esencial y no debería desincentivarse si no existen alternativas viables. “No puedes eliminar el arriendo”, enfatiza el especialista, quien alerta sobre los efectos de menospreciar esta opción para quienes dependen de ella.
Una brecha entre la oferta y la capacidad de compra
La diferencia entre las viviendas disponibles y la posibilidad real de adquirirlas es otro de los puntos centrales. Aunque el país registra un déficit de más de 491 mil viviendas y cuenta con un stock de casi 100 mil unidades nuevas, la existencia de propiedades sin vender no significa que sean accesibles para la población.
La ubicación, los precios y las condiciones de financiamiento influyen directamente en la posibilidad de compra. Por eso, aumentar la oferta no resuelve por sí solo las barreras que enfrentan los hogares que buscan una solución habitacional.
Costos y condiciones de cada proyecto
Velásquez agrega que los proyectos inmobiliarios no operan bajo las mismas circunstancias. Los costos de construcción, el financiamiento y las características de cada desarrollo inciden tanto en los precios como en el margen que tienen las empresas para ofrecer facilidades.
Por ello, plantea que la reactivación del mercado debe abordarse con una visión de largo plazo, considerando a quienes pueden comprar hoy y también a quienes necesitan más tiempo para reunir recursos y avanzar hacia la propiedad en el futuro.