Calor y microplásticos ponen a prueba las defensas celulares de peces antárticos en 24 horas

Calor y microplásticos ponen a prueba las defensas celulares de peces antárticos en 24 horas

Dos amenazas en aguas polares

Los peces que habitan las frías aguas de la península Antártica y del extremo sur de Chile enfrentan alteraciones celulares asociadas al calentamiento global y a la contaminación por microplásticos. La situación se analiza en ejemplares de la bahía Fildes, en la isla Rey Jorge, y de las cercanías del Fuerte Bulnes, en Punta Arenas.

Estas especies han evolucionado durante millones de años en ambientes estables y prístinos, con temperaturas que en ocasiones pueden descender por debajo de los 0 °C. Tanto el aumento de la temperatura como la contaminación plástica representan nuevas presiones para organismos adaptados a condiciones polares.

El contexto ambiental del océano Austral

Calentamiento y presencia de microplásticos

Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, el océano Austral absorbió entre el 35% y el 43% del aumento global de temperatura registrado en los primeros 2.000 metros de todos los océanos entre 1970 y 2017.

Al mismo tiempo, los microplásticos aparecen cada vez con mayor frecuencia en el agua, los sedimentos y los organismos de estas zonas remotas. La combinación de ambos factores puede modificar el metabolismo de los peces, elevar sus necesidades energéticas y activar respuestas inflamatorias o inmunitarias.

Un experimento con dos especies de Harpagifer

La investigación fue liderada por investigadoras del Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE), pertenecientes a la Universidad de Chile y la Universidad Austral. El trabajo, publicado en la revista científica Environmental Pollution, examinó el impacto conjunto de estas amenazas sobre la actividad celular y el microbioma de los peces.

Para realizar el ensayo se expusieron experimentalmente 20 ejemplares de Harpagifer antarcticus, una especie endémica de la Antártica, y 20 ejemplares de Harpagifer bispinis, distribuida en ambientes subantárticos y patagónicos.

Las cuatro condiciones de exposición

Los peces fueron divididos en cuatro grupos:

  • un grupo de control;
  • un grupo expuesto a microplásticos de PVC;
  • un grupo sometido a un aumento de temperatura;
  • un grupo expuesto a ambos tratamientos de manera simultánea.

Alteraciones detectadas en solo 24 horas

El resultado más relevante apareció tras apenas 24 horas de exposición conjunta a microplásticos y temperaturas elevadas. Los investigadores detectaron cambios en la actividad de genes relacionados con la protección celular, la degradación de proteínas y la muerte celular.

La Dra. Daniela Nualart, investigadora de la Universidad Austral y autora principal del estudio, explicó que la exposición combinada “colapsa las defensas celulares de los peces”.

“La maquinaria que normalmente repara las proteínas dañadas queda completamente sobrepasada, evidenciando un costo metabólico muy alto, ya que la energía requerida para responder a dos presiones simultáneas agota las reservas fisiológicas del pez, dejándolo en un estado de vulnerabilidad funcional frente a nuevos desafíos ambientales”, afirmó la Dra. Nualart.

La respuesta cambia según la especie y el tejido

La Dra. Julieta Orlando, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y coautora del trabajo, destacó que las respuestas no fueron uniformes entre los ejemplares estudiados.

“no observamos una respuesta única al aumento de la temperatura y a los microplásticos. Esta dependió tanto de la especie como del tejido analizado”.

Los cambios en genes asociados a la protección celular se observaron en el riñón anterior, el bazo y el intestino. Los resultados reflejan la complejidad y la gravedad de las presiones que enfrentan los ecosistemas polares, además de mostrar que el impacto humano puede alterar de forma profunda y rápida la biología de sus habitantes.

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