EFECTOS EN EL LITORAL. Pescadores de Tongoy y Coquimbo advierten cambios en la disponibilidad de locos, lapas, jaibas, peces y algas, junto con la aparición de especies poco habituales. A este escenario se suman el alza de los costos de operación y las condiciones adversas del mar.
La variación de la temperatura oceánica asociada a El Niño está modificando la distribución del jurel, la anchoveta y la merluza. Para la pesca artesanal de la Región de Coquimbo, esto implica nuevos desafíos y la posibilidad de tener que recorrer mayores distancias para encontrar recursos.
Las especies cambian de ubicación
El PhD. Cristian Araya-Jaime, académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad de La Serena y especialista en genómica de los peces, explicó a El Día que estas especies pueden desplazarse hacia aguas más profundas o alejarse de sus zonas habituales de captura.
Un fenómeno que podría extenderse hasta el otoño
El investigador señaló que distintas entidades internacionales, entre ellas la NOAA, proyectan que el punto máximo de El Niño se registrará entre noviembre y diciembre y que sus efectos se prolongarán hasta el próximo otoño. Una influencia tan extensa, advirtió, tendrá consecuencias tanto para la pesca artesanal como para la industrial.
Araya-Jaime también planteó que el fenómeno puede favorecer la llegada de especies provenientes de otras latitudes, algunas de ellas con interés comercial. En temporadas de aguas más cálidas, por ejemplo, suelen aparecer palometas, por lo que las condiciones actuales podrían dar paso a una temporada atractiva para su captura. Sin embargo, insistió en que será necesario seguir la evolución de El Niño y evaluar sus efectos a mediano y largo plazo.
Más costos para salir al mar
Para los pescadores, el desplazamiento de los recursos puede traducirse en viajes más largos, mayor consumo de combustible y dificultades para acceder a las especies que sostienen sus ingresos.
Ricardo Vitaly, comerciante, pescador y representante del Terminal Pesquero de Coquimbo, describió el momento como crítico y sostuvo que el fenómeno todavía mantiene una fuerte intensidad.
Marejadas y turbiedad complican la actividad
Según Vitaly, el agua ya está más cálida y los pronósticos de marejadas y mal tiempo impiden que los pescadores salgan con normalidad. Además, la turbiedad reduce las condiciones para que los buzos mariscadores puedan realizar su trabajo.
El dirigente mencionó también la situación de los macheros de Peñuelas, quienes esperan cosechar sus machas y realizan muestreos consecutivos para comercializar el producto en buenas condiciones. A ello se suman los daños que las marejadas han provocado en las cosechas de los productores de ostiones de Tongoy.
El llamado a las autoridades
Vitaly pidió que las autoridades coordinen medidas y establezcan planes de corto, mediano y largo plazo. Advirtió que se aproxima el verano de 2027, una temporada en la que los visitantes buscan las playas, pero en la que no todos los días habrá condiciones favorables: podrían registrarse marejadas y cierres de caletas.
El representante reconoció que el sector probablemente tendrá que aprender a convivir con este escenario, aunque consideró necesario contar con un plan estratégico. En ese sentido, señaló que comerciantes y dirigentes esperan ser escuchados y que también tienen propuestas para fortalecer la Región de Coquimbo, especialmente la comuna.
La experiencia de los pescadores de Tongoy
En Tongoy, un pescador que solicitó mantener su identidad en reserva relató que la escasez de recursos y el costo de las salidas al mar están afectando los ingresos de sus colegas y los propios.
Menos locos, lapas, jaibas y peces de roca
El trabajador contó que se dedica al mar desde los 15 años y que lleva largo tiempo realizando labores de buceo. Desde su experiencia, los cambios asociados a la corriente de El Niño han sido notorios en crustáceos como la jaiba, moluscos como los locos y las lapas, y algas como el huiro.
Explicó que los locos y las lapas cercanos a la orilla han escaseado, posiblemente porque el cambio de temperatura los lleva a buscar aguas más profundas y frías. También afirmó que ha disminuido considerablemente la presencia de peces de roca y de jaibas.
Especies poco habituales y el costo de la jibia
El pescador indicó que han aparecido especies que no eran comunes en esas zonas, entre ellas atunes observados al otro lado de Puerto Aldea, en sectores como La Cebada, Limarí y El Totoral. En contraste, aseguró que la jibia dejó de estar disponible.
Los bajos precios y el elevado valor del combustible agravan el problema. De acuerdo con su testimonio, salir a buscar jibia y llegar al área de captura supone un gasto diario mínimo de unos 300 mil pesos; si la zona se encuentra más lejos, el costo aumenta todavía más.
El buceo se vuelve la alternativa más estable
La caída de los ingresos, afirmó, ha sido notoria. Durante los temporales pasaron casi dos meses con muy poca entrada de dinero, por lo que debieron recurrir a sus ahorros y realizar otras actividades.
Actualmente, señaló, trabajan casi en un 100% en el buceo, debido a que el combustible, la alimentación y las bajas capturas hicieron que la pesca dejara de ser rentable. Aunque el buceo ofrece mayor estabilidad, también es una labor sacrificada: varios de sus compañeros han sufrido problemas de descompresión al extraer huiro palo.
Tongoy espera la temporada alta
Alejandro Sanders, empresario gastronómico de Tongoy, explicó que por encontrarse fuera de la temporada alta todavía no han enfrentado un impacto directo en el abastecimiento de productos del mar. Sin embargo, estimó que la situación habría sido distinta durante el verano, cuando probablemente se produciría escasez debido a los daños sufridos por los cultivos de ostiones.
El empresario señaló que la actividad turística comienza a reactivarse y que ya se han registrado varios fines de semana con movimiento, aunque todavía corresponde a una temporada normal. La Playa Grande se encuentra habilitada y los restaurantes y hoteles están funcionando, por lo que el sector espera la llegada de visitantes durante la temporada alta.
El sector pesquero de la región enfrenta cambios en la disponibilidad de recursos y dificultades para sostener su actividad producto de la presencia de El Niño. Foto: Cristian Silva.