Celulares y videojuegos relegan los juegos tradicionales de la infancia

Celulares y videojuegos relegan los juegos tradicionales de la infancia

JUEGOS DE ANTAÑO

El trompo, las bolitas, el emboque, el volantín, el runrún y la pirinola acompañaron la infancia de varias generaciones. Hoy, sin embargo, estas prácticas tienen una presencia mucho más reducida, desplazadas por los teléfonos celulares, los videojuegos y otras alternativas de entretenimiento vinculadas a las pantallas.

En algunos sectores rurales todavía se mantienen, y durante las Fiestas Patrias suelen recuperar parte de su protagonismo. Aun así, profesores y folcloristas advierten que son cada vez menos los niños que conocen o practican estos juegos de manera habitual.

El profesor Manuel Flores explica que los dispositivos tecnológicos entregan estímulos inmediatos, lo que disminuye el atractivo de actividades que requieren salir al aire libre y compartir con otros niños.

El cambio también está relacionado con la transformación de calles, plazas y otros espacios abiertos que antes eran lugares habituales de encuentro y juego. Actualmente, una parte importante del tiempo libre transcurre dentro de los hogares. Además, son menos las personas que se dedican a elaborar juguetes tradicionales de madera.

El retroceso se observa incluso en el conocimiento que tienen los niños sobre estas tradiciones. Algunos ya no logran identificar el runrún ni la pirinola, mientras que el trompo y el emboque apenas son reconocidos. El volantín conserva un nivel mayor de familiaridad, aunque no siempre saben cómo fabricarlo o utilizarlo.

Ante esta situación, algunos establecimientos educacionales y docentes han organizado jornadas especiales y recreos activos para enseñar estos juegos. La respuesta, no obstante, suele concentrarse en septiembre y perder fuerza durante el resto del año.

La preservación de estas prácticas requiere la participación de las familias, las comunidades y las escuelas, junto con la recuperación de espacios para jugar y la realización de talleres. La pérdida de estos juegos implica dejar atrás parte de un patrimonio que promovía la creatividad, la actividad física y la socialización.

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