Aplicación desde octubre de 2026
Desde el 19 de octubre de 2026, Chile aplica una nueva norma lumínica para las nuevas instalaciones y los recambios de alumbrado exterior. La regulación está establecida por el Decreto Supremo N.º 1 de 2022 del Ministerio del Medio Ambiente y busca combatir la contaminación lumínica en todo el territorio nacional, además de proteger los cielos, la biodiversidad y la salud de las personas.
Iluminar mejor, no simplemente iluminar más
El cambio normativo pretende modificar la idea instalada de que «más luz equivale a más seguridad». Un especialista en iluminación y autor de una columna sobre el tema advierte que la contaminación lumínica no afecta únicamente la observación astronómica: también está presente en barrios, carreteras y espacios naturales.
Control de la dirección y del uso de la luz
Entre las nuevas exigencias se encuentra un control más preciso de la dirección de la luz, con el objetivo de evitar emisiones innecesarias hacia el cielo o las ventanas de las viviendas. Por ello, en una renovación municipal no será suficiente instalar luminarias LED de bajo consumo; los equipos también deberán iluminar correctamente calzadas y veredas sin derrochar luz.
Horarios y adaptación gradual
La normativa incorpora restricciones horarias para determinados tipos de alumbrado, como los letreros publicitarios, las fachadas iluminadas y los recintos deportivos. Estos deberán apagarse a partir de la medianoche para evitar emisiones innecesarias una vez finalizadas las actividades.
La adecuación será progresiva. Las instalaciones existentes que se encuentren fuera de zonas de protección especial deberán ajustarse cuando llegue el momento de su recambio.
La importancia de reducir la luz azul
La norma también fomenta el uso de tonalidades más cálidas y limita las emisiones de luz azul. Sin embargo, cambiar el color de la iluminación no será suficiente: una luminaria cálida también puede generar contaminación si funciona con una intensidad excesiva o está mal orientada.
Una fiscalización centrada en el funcionamiento real
La implementación plantea un desafío para la fiscalización. La Superintendencia del Medio Ambiente y otros organismos competentes deberán ir más allá de revisar los certificados de los equipos y evaluar el funcionamiento de las instalaciones una vez puestas en marcha, con el fin de comprobar si producen mejoras reales.
El conocimiento técnico permite medir la distribución de la luz y sus efectos, así como observar la evolución del brillo del cielo nocturno a lo largo del tiempo. Para ampliar los antecedentes, el Diario El Día también ha publicado información sobre los detalles y objetivos de la nueva legislación lumínica y sobre el impacto de la contaminación lumínica en la astronomía de Chile.
Resultados que deberían verse en la vida cotidiana
El éxito de la regulación no debería medirse únicamente por la cantidad de luminarias reemplazadas o de certificados emitidos. La evaluación tendría que considerar resultados tangibles: calles con buena visibilidad para desplazarse, viviendas menos afectadas por luces innecesarias y espacios naturales donde la noche conserve sus condiciones.
El objetivo final es que la ciudadanía perciba una mejora en la calidad de vida y en el entorno, dejando atrás la idea de que una mayor cantidad de luz siempre representa progreso.