Por Rebeca Luengo | 18 de octubre de 2026
Nicolás Vilela, emprendedor tecnológico y fundador de ZTZ Tech Group, llegó a Chile hace una década atraído por el ecosistema de innovación impulsado por Start-Up Chile. Actualmente dirige una empresa que desarrolla respuestas mediante inteligencia artificial para compañías como Uber, Mercado Libre, Falabella y Mapfre, aunque insiste en que la tecnología solo tiene sentido cuando responde a las necesidades de las personas y a problemas concretos.
Vilela explica conceptos como algoritmos, software y modelos de lenguaje con una sencillez poco habitual. Habla de esos temas con la misma naturalidad con que otros comentan una rabona de Matías Fernández o la visita de BTS a Chile. Esa capacidad para traducir el lenguaje tecnológico fue una de las razones que cautivó a quienes asistieron a su reciente charla en la Universidad de La Serena.
De un colegio técnico a una empresa tecnológica
Su historia comenzó en un colegio técnico de Buenos Aires, Argentina. A los 12 años aprendió a programar y, a los 17, ganó el concurso nacional de Microsoft para escuelas. Un año después se convirtió en el competidor más joven de la final de Imagine Cup Corea. Tras realizar una pasantía en Microsoft, fundó una empresa de aplicaciones móviles que llegó a superar los cinco millones de usuarios.
Hoy, al frente de ZTZ Tech Group, lidera el desarrollo de soluciones de inteligencia artificial para procesos regulatorios y gestión documental. Este trabajo lo ha llevado a presentar sus innovaciones en instituciones como Oxford, la Sorbona, la OEA y el BID, además de conseguir clientes como Mercado Libre, Falabella y Uber. Su enfoque, sin embargo, está lejos de los discursos futuristas: prefiere hablar de aprendizaje, ensayo y error y de la necesidad de que las personas sigan tomando las decisiones relevantes.
La programación y el sentido de las reglas
Vilela atribuye su interés inicial por la programación a la oportunidad de estudiar en un colegio técnico informático, donde aprendió tanto a programar como a desarrollar el pensamiento lógico. A esa edad, recuerda, la informática era algo nuevo y aparecía como una carrera de futuro. También considera decisivo haber sido un niño de 12 años, una etapa en la que, según sus palabras, se absorbe el conocimiento con facilidad, y haber tenido profesores técnicos con ganas de enseñar.
En aquel establecimiento, cerca del 90% de los estudiantes sabía programar. Al estar rodeado de personas con la misma formación, comenzó a preguntarse qué podía aportar además de esa habilidad. Esa inquietud lo acercó al sentido de la justicia, al derecho y a las reglas: quién las cumple, quién no y cómo funcionan. Con el tiempo, esa reflexión terminó vinculándose con el trabajo que desarrolla actualmente.
Competir para atreverse
Las competencias tecnológicas también marcaron su trayectoria. Según explicó, esas experiencias le enseñaron a animarse a mostrar lo que uno sabe. Comparó esa actitud con quienes escriben una canción y nunca la publican, toman una fotografía y no la imprimen o tienen una habilidad que no se atreven a exhibir.
Para el emprendedor, ponerse a prueba permite conocerse mejor. También implica aceptar la posibilidad de fallar sin convertir el éxito en la única medida del resultado. Probar y equivocarse, sostuvo, forma parte del aprendizaje.
Chile como plataforma para crecer
Vilela decidió desarrollar su carrera en Chile por el respaldo que el país ofrece al desarrollo tecnológico. Destacó especialmente el trabajo de Corfo, que impulsó Start-Up Chile y otros programas de apoyo orientados a promover la propiedad intelectual y el conocimiento.
Desde su perspectiva, el crecimiento depende tanto de las capacidades de una persona como del entorno en el que se desenvuelve. Ese contexto puede dividir las posibilidades o multiplicarlas. En su caso, Chile le ofreció un espacio tecnológico, una economía segura y la posibilidad de proyectarse hacia otros países.
Un problema concreto dio origen a ZTZ
El origen de ZTZ Tech Group estuvo en una dificultad habitual para las empresas comerciales: deben responder por ley los reclamos de los consumidores en un plazo de 10 días. Gestionar una queja mensual no representa el mismo desafío que procesar 5.000 reclamos, explicó Vilela.
La respuesta no solo debe emitirse a tiempo, sino que también tiene que ser adecuada y ajustarse a la normativa. Para graficarlo, planteó el caso de un televisor que se rompe durante el traslado: si la empresa responde ofreciendo tres viajes a Brasil, todos los clientes con un televisor averiado podrían esperar una solución similar. Por eso, subrayó la importancia de contestar en tiempo y forma.
Antes de encontrar ese mercado, el equipo había creado un software de inteligencia artificial aplicado al Derecho, considerado una innovación importante. Recibieron contactos de Oxford University y de la Sorbona, instituciones que valoraron la propuesta, pero todavía no encontraban un uso comercial claro. La oportunidad apareció durante una charla, cuando una persona vinculada a Mercado Libre comentó que la compañía recibía reclamos regulatorios. En ese momento entendieron que habían encontrado un problema concreto para su tecnología.
Modelos pequeños y auditables
Vilela distingue la tecnología de ZTZ de herramientas populares como ChatGPT y Cloud. Según explicó, estas plataformas funcionan como modelos de lenguaje largos, capaces de organizar enormes volúmenes de información, aunque para una persona puede resultar difícil auditar cómo se llegó a una respuesta.
En cambio, ZTZ trabaja únicamente con los reclamos de sus clientes y construye un modelo de lenguaje pequeño y auditable. La empresa también determina en qué parte de un proceso conviene automatizar y en cuál es indispensable aplicar el criterio humano. Además, adapta la solución a los procedimientos y documentos de cada cliente.
La inteligencia artificial como apoyo, no como reemplazo
Ante el entusiasmo y el temor que genera esta tecnología, Vilela describió el momento actual como el primer baile entre el ser humano y la inteligencia artificial. En ese escenario, advirtió que utilizar ChatGPT o Cloud para tomar una decisión médica o psicológica es un error, porque esas situaciones requieren la intervención de un profesional de la salud. Las consecuencias de una mala decisión, agregó, pueden no ser visibles de inmediato, pero aparecer a largo plazo.
Transformar tareas sin eliminar equipos
Sobre el impacto de la inteligencia artificial en el empleo, comparó el trabajo con una receta de cocina a la que se le incorporan distintos ingredientes. La pregunta, planteó, es si resulta necesario añadir en todas las tareas una cantidad importante de un elemento cuyas consecuencias todavía no se conocen.
Desde su experiencia, los equipos en los que han aplicado inteligencia artificial de manera adecuada crecen en lugar de desaparecer. La tecnología permite que las personas dejen de ocuparse de labores repetitivas y dediquen más tiempo a realizar análisis profundos.
El cuidado con niños y jóvenes
Para Vilela, la variable decisiva sigue siendo el criterio humano. Si una persona no tiene conocimientos suficientes sobre un tema, lo más prudente es no delegar en la inteligencia artificial una tarea que después no podrá evaluar. Utilizó como ejemplo a alguien que no es diseñador gráfico y pide a una IA que genere una imagen: sin criterio profesional, no tendría cómo valorar correctamente el resultado.
También llamó a extremar los cuidados cuando se combinan niños y tecnología. Si además se trata de una herramienta cuyo funcionamiento todavía no se comprende bien, la precaución debe ser aún mayor. A su juicio, humanizar la inteligencia artificial es un error psicológico.
Probar, verificar y conservar el criterio
El mensaje de Vilela para los jóvenes que ven en la tecnología una oportunidad de crecimiento es que ninguna solución es mágica y que las decisiones tomadas por miedo rara vez son buenas. Recomendó experimentar en espacios seguros, practicar y comprender que el criterio es el ingrediente más importante, porque finalmente depende de cada persona.
También situó la reflexión como una instancia fundamental. Según sostuvo, los mayores riesgos aparecen cuando solo participa un ser humano junto con una inteligencia artificial. Por eso, considera necesario que haya más de una persona involucrada: una que realice la tarea y otra que verifique el resultado.
En ese proceso, añadió, es necesario enseñar y dejarse enseñar, aprender de los propios errores y permitir que otros aprendan de ellos, además de contar con alguien que pueda aconsejar frente a determinadas decisiones. Las plataformas y la tecnología seguirán cambiando, concluyó, pero permanecerá la capacidad humana de pensar, cuestionar y aprender.