Costo, espera y distancia: los obstáculos para acceder a salud mental en Coquimbo y Chile

Costo, espera y distancia: los obstáculos para acceder a salud mental en Coquimbo y Chile

El acceso oportuno a la atención de salud mental continúa siendo un desafío en Chile. En la Región de Coquimbo, especialistas advierten que el costo de las consultas, las demoras y la distancia dificultan tanto el inicio como la continuidad de los tratamientos.

Una demanda que alcanza a todo el país

La duodécima edición del Termómetro de Salud Mental Achs-UC estableció que el 16,2% de la población urbana mayor de 18 años presentaba síntomas moderados o severos de depresión. En tanto, el 17,9% registraba ansiedad generalizada.

En abril de este año, el Servicio de Salud informó que 23.000 personas se encontraban bajo control por depresión en la Región de Coquimbo. De ese total, cerca de 20.000 recibían atención en la red primaria.

Ansiedad y depresión concentran los casos

El Dr. Sebastián Prieto, subdirector de Gestión Asistencial del Servicio de Salud Coquimbo, explicó que los problemas de salud mental más habituales, tanto en la región como en Chile y el mundo, corresponden a los trastornos de ansiedad. Dentro de este grupo se encuentran los trastornos obsesivos, la ansiedad generalizada y las fobias.

En segundo lugar aparecen los trastornos depresivos, que pueden presentar distintos niveles de complejidad. Entre los trastornos del ánimo también se ubican los trastornos bipolares, aunque son menos frecuentes.

Prieto señaló que estos cuadros se observan principalmente en adultos. En las personas mayores, algunos trastornos y sus síntomas pueden aumentar, pero especialmente después de los 80 años adquieren mayor prevalencia otras alteraciones neuropsiquiátricas, sobre todo los deterioros cognitivos y, en menor medida, las demencias.

En la población infanto-adolescente predominan los trastornos ansiosos y depresivos, que con frecuencia se combinan con trastornos adaptativos. Aunque el consumo de sustancias a temprana edad no es el problema más frecuente, constituye una preocupación porque puede influir considerablemente en la evolución de eventuales trastornos mentales durante la adolescencia.

El especialista agregó que las mujeres presentan una mayor incidencia de los trastornos de salud mental más comunes. Sin embargo, en los cuadros graves o más severos, que son menos frecuentes, la incidencia tiende a ser similar entre hombres y mujeres.

La red pública como puerta de entrada

En el sistema público, la atención primaria constituye el principal acceso a las prestaciones de salud mental. Cuando un caso supera la capacidad resolutiva de estos equipos, puede recibir asesoría a través de consultorías regulares de los seis centros de salud mental comunitarios asociados de la región y de los policlínicos de psiquiatría de los hospitales.

Según la complejidad de cada situación, también puede ser necesaria una hospitalización psiquiátrica o la atención en hospitales de día ambulatorios.

Los riesgos de una espera prolongada

El informe de listas de espera correspondiente al segundo trimestre de 2026, elaborado por el Ministerio de Salud (Minsal), indicó que a junio de este año permanecían pendientes en la red pública 22.746 consultas nuevas de psiquiatría de adultos y 12.313 de psiquiatría pediátrica y adolescente, todas correspondientes a prestaciones No GES.

A las demoras se suma el costo de la atención privada. De acuerdo con una cotización realizada por El Día, las consultas psiquiátricas tenían valores por sesión que iban desde $60.000 en modalidad telemática hasta $80.000 de manera presencial.

El tratamiento no termina en la primera consulta

La Dra. Daniela Nelson Fuentes, vicepresidenta del COLMED de la Región de Coquimbo, recalcó que la primera consulta representa solo el comienzo del proceso. Después se requiere seguimiento, acceso a psicoterapia u otras intervenciones y, cuando corresponde, medicamentos.

La especialista advirtió que, si una persona no puede pagar o debe enfrentar intervalos demasiado extensos entre una atención y otra, existe el riesgo de que interrumpa el tratamiento.

En la misma línea, la jefa del programa de especialidad de Psiquiatría Infanto-Juvenil de la UCN señaló que postergar la atención puede prolongar el sufrimiento, intensificar los síntomas y afectar la vida familiar, el desempeño escolar o laboral y las relaciones personales.

En algunos casos, agregó, la demora puede favorecer la aparición de crisis que requieran atención de urgencia u hospitalización, además de aumentar el riesgo suicida.

La asesora de salud mental del Servicio de Salud Coquimbo sostuvo que las prioridades están puestas en entregar una atención oportuna y una continuidad efectiva de los cuidados, mediante el fortalecimiento de la atención primaria y de su coordinación con los equipos especializados.

La continuidad es clave para lograr resultados

Néstor González, académico del Departamento de Psicología y coordinador del Centro de Atención Psicológica y Salud Integral (CAPSI) de la USerena, explicó que en el sistema privado la psicoterapia representa una parte importante de los ingresos de muchos hogares. Como los tratamientos pueden extenderse durante meses, el costo se convierte en una dificultad para iniciarlos y mantenerlos.

En la red pública, el problema no se limita al tiempo de espera para la primera consulta. También existen dificultades para sostener una frecuencia adecuada de sesiones. En la atención primaria, estas suelen realizarse dos veces al mes y, en ocasiones, solo una vez. De acuerdo con González, esa periodicidad debilita la alianza terapéutica, interrumpe la continuidad y dificulta consolidar cambios.

La distancia agrega otra barrera

Como psicoterapeuta en trastornos del ánimo, González planteó que la concentración de especialistas en La Serena, Coquimbo y Ovalle profundiza las dificultades de acceso. Para quienes viven en Combarbalá, Illapel, Vicuña o Salamanca, los traslados, el tiempo requerido y los días laborales perdidos pueden favorecer el abandono temprano de los tratamientos, cuya efectividad depende en gran medida de la continuidad.

El magíster en Psicología Social también advirtió que retrasar la atención eleva el riesgo de cronificación y de que los cuadros alcancen una mayor complejidad. En niños y adolescentes, además, las esperas pueden afectar el desarrollo emocional, las trayectorias educativas y el rendimiento escolar, precisamente en etapas en que una intervención temprana tiene un mayor potencial preventivo.

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