En una entrevista con el diario El País, a pocos meses de dejar la Presidencia, Gabriel Boric realizó una evaluación amplia sobre el presente y el futuro de la izquierda en Chile, en un escenario reordenado por la elección de José Antonio Kast como próximo mandatario. El Presidente combinó autocrítica, definiciones estratégicas y consideraciones sobre su rol una vez concluido su mandato, con un énfasis transversal: la necesidad de reconstruir el vínculo con la ciudadanía desde el territorio.
El jefe de Estado cuestionó abiertamente las lecturas autoindulgentes en su sector, subrayó la importancia de un trabajo político “paciente” y en terreno, y deslizó una advertencia sobre el tipo de oposición que —a su juicio— debería articularse en los próximos años: democrática, territorial y lejos de una lógica reducida a redes sociales.
Autocrítica y balance interno de la izquierda
Para Boric, uno de los errores más costosos de su sector ha sido centrar el discurso en responsabilizar exclusivamente al adversario por los resultados electorales. En esa línea, fue categórico: “la izquierda que solamente le echa la culpa al adversario está condenada a diluirse”. La frase no solo instala una autocrítica, sino también un llamado a profundizar el trabajo político con presencia sostenida en comunidades y territorios.
El mandatario plantea que la discusión debe ir más allá de la coyuntura o las etiquetas, y que la izquierda tiene el desafío de revisar su propio desempeño, su capacidad de escuchar y su sintonía con demandas sociales concretas. La apuesta, sugiere, es salir de la comodidad del diagnóstico y volver a construir mayorías desde la vida cotidiana de las personas.
Distancia y límites frente al nuevo gobierno
Consultado por su papel tras dejar La Moneda, el Presidente marcó una línea de contención: “No voy a ser un comentarista permanente de los inicios del próximo Gobierno”. Con ello, Boric anunció que mantendrá distancia como exmandatario y evitará una presencia constante en la discusión pública diaria.
No obstante, estableció un límite: intervendrá cuando detecte desinformación o ataques directos a su gestión. El matiz sugiere un equilibrio entre la prudencia institucional que espera de un ex Presidente y la defensa de su legado cuando estime que se lo cuestione sin fundamento.
Kast y el valor del trabajo territorial
En un gesto inusual, Boric reconoció aspectos del despliegue político de José Antonio Kast. Destacó que el presidente electo “logró recorrer todas las comunas del país”, interpretando ese esfuerzo como la demostración de que los resultados electorales no responden solo a una “ola derechista global”, sino también a un trabajo persistente en terreno.
El reconocimiento abre un punto de análisis: para Boric, el contacto directo, sostenido y sistemático con los distintos rincones del país marca diferencias concretas a la hora de consolidar apoyos. Y, por contraste, instala una autocrítica a la izquierda por no haber sostenido con la misma constancia ese despliegue.
Reconexión comunitaria y fortalecimiento partidario
Desde esa experiencia comparada, Boric admitió que el Frente Amplio y la izquierda descuidaron el trabajo de base y el vínculo comunitario. Planteó la urgencia de fortalecer los partidos políticos y de reconectarse con sectores hoy en la periferia política, incluyendo iniciativas concretas de presencia en barrios y organizaciones sociales.
Como horizonte de acción, deslizó la posibilidad de retomar voluntariados y acciones comunitarias similares a las que existían en Chile a comienzos de los años setenta. La idea no se presenta como nostalgia, sino como una estrategia para recomponer confianzas y tejidos sociales, articulando comunidad, política y servicio público.
Hoja de ruta personal: una alianza amplia para reformas sociales
Respecto de su futuro, Boric afirmó que seguirá activo políticamente, aunque sin precisar desde qué espacio. Su objetivo, aseguró, será contribuir a la construcción de una alianza amplia entre la izquierda, la centroizquierda y el centro, con el fin de avanzar en calidad de vida, distribución de la riqueza y cohesión social.
“Avanzamos, pero falta muchísimo por hacer”, reconoció, aludiendo a un balance que combina avances con tareas pendientes. En ese marco, sugiere, las convergencias programáticas entre distintas sensibilidades políticas podrían ser la vía para sostener cambios graduales pero efectivos, anclados en el consenso social.
Una postura sin ambigüedades sobre Cuba
Boric abordó de manera directa su posición sobre Cuba y evitó matices en la calificación del régimen: afirmó que definirlo como dictadura “no le genera contradicciones”. Describió, además, un escenario marcado por escasez de alimentos y medicamentos, migración juvenil y ausencia de libertades democráticas.
Si bien reconoció el impacto del bloqueo económico, sostuvo que la responsabilidad principal recae en quienes gobiernan la isla. La definición se inscribe en un registro de condena a las vulneraciones de derechos y cierra cualquier margen para interpretaciones ambiguas sobre su postura.
Frases textuales relevantes
– “La izquierda que solamente le echa la culpa al adversario está condenada a diluirse.”
– “No voy a ser un comentarista permanente de los inicios del próximo Gobierno.”
Temas a observar en el corto plazo
– La reconstrucción del trabajo territorial y comunitario de la izquierda, incluyendo posibles voluntariados y acciones de base.
– La configuración de una oposición con anclaje democrático y presencia real fuera de redes sociales.
– El rol de Boric como ex Presidente y su aporte a una articulación amplia de fuerzas progresistas y de centro.
– La aplicación del factor territorial como variable decisiva en la disputa por mayorías políticas.
En suma, las definiciones de Gabriel Boric dibujan un mapa de ruta que combina crítica interna, realismo político y orientación al territorio. El Presidente enfatiza que la reconstrucción de confianzas no ocurre en el plano discursivo ni exclusivamente en la contienda digital, sino en el trabajo paciente y sostenido con comunidades concretas. Su reconocimiento al despliegue de José Antonio Kast, su decisión de mantener distancia responsable respecto del nuevo gobierno y su postura inequívoca ante Cuba conforman un cuadro coherente: la política, sugiere, recupera eficacia cuando vuelve a su lugar de origen, el vínculo directo con la ciudadanía, y cuando asume responsabilidades propias antes que externalizar culpas.