Los desafíos de la nueva Dipres.


El estado de las finanzas públicas en el país se encuentra en una situación crítica, con un vacío presupuestario que se anticipa superior a las estimaciones iniciales. A pocos días de que se hagan públicas las cifras fiscales oficiales de 2025, las proyecciones planteadas por distintos expertos sugieren que el déficit estructural podría cerrar el año por encima del 2,5% del PIB. Esta cifra es alarmante, ya que supera notablemente el compromiso del Gobierno anterior de mantener el déficit en un 1,1%. Este escenario genera un gran desafío para la próxima Dirección de Presupuestos (Dipres), que asumirá en marzo, en un contexto donde el futuro ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, tiene la ambiciosa meta de alcanzar un equilibrio fiscal para 2030, al mismo tiempo que busca un crecimiento del 4% y una reducción en la tasa de desempleo al 6%.

Desafíos de la futura administración fiscal

El desequilibrio fiscal que se avizora es un claro indicativo de los problemas que ha enfrentado la política fiscal en los últimos años. El balance estructural, que actúa como ancla para la política fiscal y define el nivel de gasto público sustentable, ha mostrado discrepancias severas debido a errores en las proyecciones realizadas por la actual Dipres. Estas fallas en el cálculo de los ingresos fiscales han llevado a una pérdida de credibilidad en la gestión presupuestaria, lo que a su vez podría impactar negativamente en la clasificación de la deuda soberana si no se aborda con celeridad y precisión. Aunque esta degradación no ha ocurrido hasta ahora, es fundamental que el nuevo equipo, liderado por el director asignado, José Pablo Gómez, trabaje para restaurar la confianza institucional.

La importancia del equilibrio fiscal

La recuperación de la credibilidad en la política fiscal es vital. Los futuros desafíos no solo giran en torno a la contención del gasto y la recuperación de ingresos, sino que también suponen una responsabilidad hacia los inversionistas y organismos internacionales. La característica esencial de una administración fiscal eficiente es su capacidad para planificar y ejecutar presupuestos realistas que reflejen la verdadera situación económica del país. Con la subestimación de ingresos manifestada durante la gestión anterior de Dipres, queda claro que es imperativo implementar correcciones inmediatas para evitar más desgastes.

Errores y repercusiones

Los errores en la estimación fiscal no se limitan a simples cálculos. Iniciativas como el Fondo de Estabilización Económica y Social (FES), consideradas incorrectamente como activos financieros por la administración saliente, subrayan la necesidad de contar con una Dipres sólida que pueda evaluar con rigor las propuestas legislativas del Ejecutivo. El nuevo director de Presupuestos enfrentará el desafío no solo de corregir esas valoraciones erróneas, sino también de evaluar con más precisión los programas de gasto que siguen drenando recursos en un panorama de estrechez fiscal.

La reconstrucción de capacidades técnicas

El nuevo liderazgo en la Dipres, bajo la dirección de José Pablo Gómez, se enfrenta a la urgencia de reconstruir las capacidades técnicas del organismo. La presión para mejorar la calidad de las estimaciones fiscales es un mandato directo de Quiroz, quien ha enfatizado que recuperar el prestigio institucional será una de las principales tareas de Gómez. Además, el respaldo político que rodea esta misión puede ser un factor decisivo en el éxito de las iniciativas propuestas, así como en la implementación de políticas esté acompañadas de una evaluación adecuada y fundamentada.

Un desafío multidimensional

El próximo desafío para el nuevo equipo fiscal no radica solamente en abordar la situación actual. La dirección deberá incorporar una perspectiva integral que contemple la sostenibilidad, la transparencia y la rendición de cuentas en la gestión pública. La rehabilitación de las proyecciones presupuestarias deberá respaldarse con datos fiables y métodos de evaluación que permitan prever con mayor efectividad las consecuencias de las decisiones que se tomen. El camino hacia el equilibrio fiscal también exige la sensibilización de los actores económicos sobre la importancia de contar con un marco fiscal estable y predecible para fomentar la inversión y el crecimiento.

En resumen, el futuro de la política fiscal está en manos de un nuevo equipo que se encuentra ante el reto de revalorar la confianza en las proyecciones financieras y asegurar el manejo responsable del gasto público. La perspectiva de lograr un equilibrio fiscal hacia 2030 será exigente, pero con la correcta implementación de cambios técnicos y un enfoque renovado en la gestión, será posible enfrentar estos desafíos con eficacia y solidez.


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